Estoy leyendo a mi ritmo, sin prisa pero sin pausa y sobre todo, y lo más importante, enterándome de lo que leo. Más de una vez lo he comentado en el blog, que me parece mentira estar haciendo esto porque siempre que empezaba a leer desistía, era un escollo para mí porque como no me enganchaba desde el principio, lo dejaba.
Al final acabé enganchándome y en esta primera parte he podido saber de dos salidas de su tierra natal de nuestro Hidalgo junto a su fiel escudero, salidas destinadas principalmente a buscar aventuras, “desfacer entuertos” (esta expresión me encanta, jejeje, me hace gracia) y ayudar al más débil como las leyes caballerescas ordenan, pero por desgracia sus aventuras, la mayoría de las veces, no acaban bien ni para Don Quijote ni mucho menos para Sancho, sino que se lo digan al pobre escudero después de su primera estancia en la Venta.
Dentro de esta primera parte hay pequeños relatos incluidos dentro de la narración de la historia; unos son amenos, como por ejemplo el de El Cautivo y la Mora, y otros cuesta un poco más trabajo leerlos, como por ejemplo el de El Curioso Impertinente, pero esos relatos junto con la forma de ir narrando las aventuras de Don Quijote, es lo que hacen grande a esta obra.
Si tuviera que elegir un capítulo que más me haya gustado, no sabría decir cuál, por ejemplo en el XXXVI me divertí mucho cuando Don Quijote rompió todos los cueros de vino que tenía el ventero creyéndose que el vino era la sangre del gigante que según él decía que había matado para salvar a la princesa Micomicona, en el XLIII, cuando Maritornes y la hija de la ventera atan a Don Quijote a la ventana del pajar también me reí bastante, en el último capítulo también me divertí cuando la batalla en mitad de la procesión en la cual Don Quijote creía que la imagen de la Virgen era una dama que llevaban secuestrada jajaja, ese fue muy bueno.
He de reconocer que conforme iba leyendo el último capítulo me daba pena cómo regresa a su pueblo El de La Triste Figura, metido en una pequeña jaula tirada por bueyes, maltrecho, delgado y casi a punto de desfallecer. Cuando el mismo Don Quijote le dice a Sancho: “El que de vos vive ausente, dulcísima Dulcinea, a mayores miserias está sujeto. Ayúdame Sancho amigo, a ponerme sobre el carro encantado, que ya no estoy para oprimir la silla de Rocinante, porque tengo todo este hombro hecho pedazos”, ahí pensé: “Se acabó, este hombre no sale de ésta”.
En fin, a ver que nos depara la Segunda Parte, de momento os dejo este pequeño Collage Quijotesco que he hecho con unas fotos que tenía de cuando fuimos a Toledo el pasado otoño.





