Hoy es fiesta local en Córdoba, es el día de la Virgen de la Fuensanta que es la Copatrona de la ciudad.
En el barrio que lleva dicho nombre, se encuentra el santuario donde está la Virgen y se celebra la tradicional Velá en honor a ella. Es como una pequeña feria enfocada principalmente a los más pequeños ya que las atracciones no son tan grandes y peligrosas como en la feria de mayo y no hay casetas, simplemente en la plaza del barrio montan una pequeña caseta con un escenario para las actuaciones.

La tradición cuenta que quien vaya a la Velá tiene por supesto que visitar a la Virgen,
Hacerle también una visita al famoso "caimán de la Fuensanta" que se encuenta expuesto en el patio de entrada al santuario y cuya leyenda os relato:
El origen de este animal es incierto debido a las muchas leyendas existentes al respecto. Una de las más famosas cuenta que en una ocasión hubo una crecida del río Guadalquivir y la abundancia de agua trajo un temible caimán que llegó a sembrar el pánico entre la población cordobesa y entre las cercanas huertas. El animal acechaba a sus desprevenidas víctimas, las destrozaba y luego desaparecía en los cañaverales cercanos. Cuando sentía hambre volvía a actuar y de esta forma tenía sobrecogida e impotente a la población hasta que un disminuido físico, un cojo, decidió acabar con el problema. Se cuenta que, después de estudiar el comportamiento del caimán, lo acechó y lo esperó en un árbol con su muleta y un pan abogado. El pan despertó la glotonería del animal que inmediatamente abrió la boca para engullirlo, momento que aprovechó nuestro héroe para apearse del árbol y clavar el filo de su muleta en la garganta del animal. Junto al animal hay expuesta una muleta que se supone era la del héroe de aquella hazaña. Fuente: cordobapedia.
Y por último, antes de marcharse de la Velá, hay que ir a un puestecillo y comprar la tradicional "campañita de la Fuensanta"
Ahora, como podéis ver en la fotografía, son mucho más modernas, con dibujos, colores,etc; cuando yo era pequeña simplemente era una campanita de barro tan frágil que cuando llegaba a casa después de ir todo el camino de vuelta dando campanazos y poniéndole a mi madre la cabeza como un bombo, llegaba con la campana rota y llorando por supuesto porque se me había roto. Sólo si mi madre me la quitaba de las manos y la llevaba ella, llegaba la campana sana y salva a casa. Creo que aún tiene alguna guardada en su casa como recuerdo.